Friday, January 27, 2006

27. la hadoracion del ser terrrivle


El espiritu nos dijo qe era la Carmen de Mariena. Sus oficiales le alababan y adoraban mientras el orrendo bicho gritaba Ay ben aqi a comerme el coño y se los iba deborando como una araña.

Nosotras estavamos immobilizadas de bocapabajo. Sufriamos en silencio, como las almorranas en el anuncio.
El ser qeria deborarnos para acabar con nuestra riqeza de espiritu i para luego rebender nuestros chichis al mejor postor.
La extrarrosa qe se abia qedado con anbre no tenia los genes bien colocados i no podia realizar su labor de supereroina hy salbarnos a todas.

Fue la farruca, una bez mas, la qe con su prodijioso peluchito nos saco del a puro.
solo tubo qe colocar su almejilla peluda en posición y soltar las feromonas qe tenia dentro.
Los lacallos del bicho enpezaron a oler el jugo remezclado de bacalao desalao y mejillon en conseba qe se esparcia por la sala i enpezaron a tener rebulsiones esoflagicas internas.
nosotras qe abiamos conpartido asta cama con la farruca, ole la farruca!, lla estabamos aconstunbradas a la olorica asin qe eramos immunes.

El bicho Maireno se revolcaba en los techos desde donde daba la luz.
Los lacallos fueron callendo al suelo fulminados mientras la farruca tenia las patas abiertas de par en par.

Cuando el bicho orroroso enpezo a devilitarse nuestras piernas empezaron a tenblar igual qe despues de una buena endiñada encima la labadora y enpezamos a sentir la circunbalacion sanguínea en el resto del cuerpo.

La estrarrrosa enfurecida enpezo a soltar rallos y dentellas.

los rallos azian electrificaciones en las puntas de los dedos pero lo peligroso eran las dentellas qe de un bocao se llebaba medio brazo.
Luego nos esplico qe no fue en su labor de supereroina sino qe abia pasado una infancia llena de anbre y de martirio sesual i fue solo un mal despertar. Cuando recuperamos la cosciencia lla estabamos casi fuera de aqel sitio orrivle, caminando con las maletas en la mano, arrastrando al pobre ojoabizor qe lla enpezaba a secarse un poco, al menos por la boca, azia nuestro incierto destino.

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