Fifi abia azqirido un color estraño, era fluorescente y tenia los ojos inlleztados en sangre. La quiso morder a la sagrario mientras estabamos encarceladas, menos mal qe un gas de la extrarrrosa le mantubo perjudicado toda la tarde.La Farruca le preparo una indecion de drogas qe ella abia llebado todo el camino en el canalillo, y le hice la foto antes de realizar la tremenda azaña.
Fifi fue sigilosa y radiaztibamente azia el carcelero y le picó las drogas en la entrepierna mientras dormitaba en la garita. Luego bolbio con las llabes y pudimos abrir la cancela para escapar de las garras de los cautibadores.
La Lirio, La Sagrario, la extrarrrosa, la farruca mora y una serbidora, acompañadas de fifi, qeriamos encontrar la salida en aqella carcel orrible pero no nos fijamos en el camino cuando nos metieron en la zelda. Solo nos fijamos en el paqete de los soldados asi qe aora estabamos perdidas como ana obregon en una disección de un megillón.
Recorriendo los pasillo encontramos unos uniformes de soldados estadiounidenses y nos los calzamos - los uniformes no los soldados- todas menos la ancha q la tuvimos qe poner cuatro ruedas y usarla de carretilla transportadora con una manta encima. Dentro de la manta y el rebuño qe izimos de la extrarrosa iba fifi, nuestro salbador!
Al fin llegämos a una salida y mis compañeras y no por ello amigas se pusieron a hacer lloga en plena abitacion. Yo no lo entendia pero claro, me tube qe unir a ellas para pasar desapercibida, lla qe vi yo tambien el cartel sobre la puerta qe ponia Entrance. Y si no estabamos en trance al pasar lo mismo se nos notaba qe eramos las reclusas.
cuando llegamos al nirbana despues de fumar unas llerbas de la farruca traspasamos el unbral de la puerta en trance y llegamos a un comedor lleno de machos. Se nos qedaron mirando i se reian de nosotras. Era como ser carmen sebilla en los telecupones, pero con glamur.
Asta nosotras llegó el sargento y nos esplico qe abia abido un malentendido y qe podiamos irnos. Nosotras antónitas, les pedimos si podiamos qedarnos a comer y de paso a acer una ronda de folladas con cuatro o cindo de sus omvres cada una.
La Extrarrrosa se levantó de su letargo, con las ruedas de una carretilla qe abiamos clabado con clabos del ocho en su espalda, y tirando a fifi al suelo mientras cantaba is reinin men dejó ber lo qe la radioaztividad del chucho abia exo en ella. Ahora era una mujer brillante. una superwoman.
La farruca se santigúo varias veces al berla, eso si, sin qitarse el nabo de uno de los soldados de la boca. La sagrario lloraba por la perdida de fifi qe abia qedado aplastado contra una pared del enpujon de la ancha. La Lirio pasaba de to mientras era aporreada en un cuarto aparte por tres oficiales qe la estaban sondomizando entera.
Yo estaba cincufecta y perpleja de tanto conbite de seso y perbesion en aqella carcel de estados urdidos en la qe acabamos, en pleno etiopia, mientras ibamos para nuestras qeridas seicheles.
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