Estabamos asta el chichi del coche lla, porqe tenia falta de amortigüadores y se movia mas qe la conpresa de una coja. Eso unido al gran contrapeso qe ejerzia la extrarosa azian qe la fuerza centrufaga se llebara a la farruca mora de los pelos azia las ventanillas del beiculo.Yegamos a una especie de santuario con piedras a mitad de camino de Avis Adeda, la capital de etiopia. Un biejo con un puro nos dijo en perfecto aleman qe era el santuario de las birgenes aborigenes i qe ayi se iba a pedir milagros al santisimo. El biejo era de sebiya pero le azia ilusion ablar en aleman.
Ayí fue donde conocimos al macilento Rodolfo. Rodolfo era diseñador de moda y representante de personalidades de la farandula como loli albarez o paco senil. Al bernos, nos presentó a su benerable abuela Leonor, qe estava bien acostumbrada i no se mobia para no molestar. No se mobia desde azia 4 años, pero con las bendas no olia a ultratunba asi qe Rodolfo bibia en el engaño de la vida de su abuela. Luego nos conto qe la mantenia en formol por las noches para tener la güella digital i cobrar la pension de biudedad i qe tenia qe secarla con un secador de mano antes de sacarla a pasear i eso era un trabajo muy duro i estava cansado ya.
La farruca mora se puso a dar ramitas de perifollo a las gentes a cambio de unas monedas. A qien no na dava dinero la farruca le echaba un mal del ojo especial llamado el mal del ojo del culo qe te realizaba una progresión en el ano y te acabava aziendo qe se estrechara en pleno seso i dejaras al marido con ambre i se acabara llendo de putas.
La sagrario, qe siempre avia tenido un muy buen ojo pa los ombres, se enamoro perdidamente del macilento Rodolfo. No se le aceleró el corazon no no no. Si se puso nerbiosa que ba! Ni se puso a tartajear. Noooo. Lo qe la paso lo bi cuando fuimos juntas al bater y avia chorreao todas las vragas la muy guarra.
La lirio se tiró a un qura qe predicaba el ebanjelio y la extrarosa acabó con una rata qe estavan cocinando unos niños al bapor y de una ostia los mandó al congo debueltos al olor de la carne cocinandose.
Rodolfo se portó mui buenamente. Nos prometio el oro y el moro. A la lirio le hacían las orejas palmas y el chichi palomitas al pensar en el pollón del moro. A nosotras se nos hervían los pezones al pensar en el oro. ¿lograría azer de nosotras el macilento unas autenticas spanis pusicat dols?
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